Era una mañana fría, las 9:45, mi compañera de piso (Daniela) ya se habría ido a trabajar. Y como no, dejó el cartón de leche abierto y una jarra de café llena. La cogí y me serví un poco en una taza que saque del armario.
Me fui a mi habitación y saque unos pantalones viejos de chándal y una sudadera gris, me hice una coleta y me fui a correr a la calle. Volví media hora después, dejé el Mp3 en la mesilla y me tumbe en el sofá. Sonó un pitido, venía del contestador, esto era lo que decía el mensaje:
- ¡Natalia! ¿Se puede saber donde estás? Te he llamado al móvil y no me lo as cogido. ¿No se te habrá olvidado, verdad? Te espero aquí hasta las 10:30, si para entonces no has llegado me iré sola.
Se me había olvidado, tenía que ir a recoger a Daniela al trabajo, se había cogido el día libre para estar conmigo. Eran las 10:23, tenía que darme prisa, cogí las llaves y cerré la puerta. Empecé a correr, me metí por callejones, pase entre la gente, salté vallas de carteles que ponían para hacer publicidad. Y al final llegue, pero Daniela no estaba, esperé un buen rato y a las 10:45 alguien me llamo al teléfono:
+ ¿Quién es?
-Natalia, soy Daniela.
+ ¿Dónde estás?
- ¿Dónde voy a estar? En casa.
+ ¿Cómo que en casa? ¿No me habías dicho que fuera a buscarte?
- ¿Yo? Que va ¿Es que no has escuchado el segundo mensaje? Venga, ven a casa que ya es tarde.
Le iba a decir que no era tarde, que solo eran las 10:55, y que no me apetecía volver a casa, pero me dijo adiós y me colgó, así que volví por donde había venido, y al final legue a casa. Escuche el segundo mensaje de Daniela, y nos pusimos a hablar sobre lo que íbamos a hacer, teníamos tantos planes: ir de compras, tomar un café, ver una película… Pero sabíamos que no nos iba a dar tiempo de hacerlo todo, así que nos decidimos por ir a un parque nuevo que habían construido a dos manzanas de nuestro edificio, decían que era enorme y muy bonito, sabíamos que iba a ser un acierto seguro ir allí.

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